El perdon de Asis Felix Castello

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El Perdón de Asís (la Indulgencia de la Porciúncula). Atribuido a Félix Castello (1595–1651). Óleo sobre lienzo.

Esta pintura, tradicionalmente atribuida al pintor barroco español Félix Castello, ilustra uno de los episodios más queridos de la historia franciscana: la aparición de Cristo y la Virgen María a san Francisco en la Porciúncula. Según la tradición franciscana, mientras Francisco oraba en la pequeña capilla de Santa María de los Ángeles, cerca de Asís, Cristo se apareció junto a la Santísima Virgen, rodeado por una multitud de ángeles, e invitó al santo a pedir cualquier gracia que deseara. Francisco solicitó que todos aquellos que visitaran la Porciúncula con sincero arrepentimiento, confesión sacramental y deseo de conversión pudieran recibir una indulgencia plenaria. Este privilegio extraordinario, concedido por el papa Honorio III en 1216, llegó a conocerse como el Perdón de Asís o la Indulgencia de la Porciúncula, uno de los mayores tesoros espirituales de la Orden Franciscana.

La composición se organiza en torno a un potente eje vertical que une el cielo y la tierra. Cristo y la Virgen aparecen entronizados sobre nubes luminosas en la parte superior del lienzo, rodeados de alegres querubines cuyo movimiento juguetón contrasta con la profunda quietud de San Francisco, situado en la parte inferior. Arrodillado sobre una alfombra ornamentada ante un altar sencillo, el santo alza la mirada hacia la visión celestial con las manos cruzadas sobre el pecho en humilde adoración. Este gesto expresa una confianza absoluta y una devoción filial, más que asombro. Tras él, la arquitectura evoca la modesta capilla de la Porciúncula, mientras que el espacio abierto entre el santuario terrenal y la corte celestial actúa como un puente visual entre la Iglesia en la tierra y la gloria del cielo. Continua leyendo después de la publicidad

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El artista enriquece la escena con detalles simbólicos que profundizan en su significado espiritual. Sobre el altar descansan tres cálices dorados, subrayando el contexto eucarístico en el que se desarrolla la visión. La alfombra de rico tejido bajo San Francisco aporta una nota de solemnidad, al tiempo que el humilde hábito pardo de los Frailes Menores recuerda al espectador que los mayores privilegios espirituales no se conceden por rango terrenal, sino a través de la humildad y la oración fiel. La cálida paleta de ocres dorados, azules suaves y rojos atenuados baña la composición con una luz delicada, sustituyendo la intensidad dramática por una atmósfera de paz, contemplación y misericordia divina.

La atribución de este lienzo sigue siendo provisional. En su estudio fundamental sobre la pintura madrileña publicado en 1969, Diego Angulo Íñiguez y Alfonso E. Pérez Sánchez propusieron que la obra pertenecía a los últimos años de Félix Castello, un periodo del que no se conservan pinturas documentadas con certeza. Asimismo, sugirieron que podría proceder del convento franciscano de Cuéllar (Segovia), basándose en inventarios del siglo XIX de obras de arte retiradas de conventos suprimidos, donde figura registrada una pintura descrita simplemente como *La Porciúncula*. Nacido en el seno de una distinguida familia de artistas italianos activos en España, Castello se formó en el taller familiar y llegó a ser uno de los discípulos más cercanos de Vicente Carducho; la influencia de este último se refleja claramente en la composición equilibrada, el dibujo refinado y el carácter devocional contenido de sus pinturas religiosas. Aunque nunca alcanzó el codiciado título de pintor del rey, disfrutó de una carrera activa al servicio de la Corona española y realizó importantes encargos para el Palacio del Buen Retiro, el Alcázar de Madrid, la Torre de la Parada y diversas iglesias e instituciones benéficas de toda Castilla.

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