Laetare

 

English

Ante la Cruz, el corazón aprende a ver. La imagen de San Francisco de Asís orando ante el Crucifijo de San Damián nos recuerda que el camino cristiano de la Cuaresma no es solo una senda de penitencia, sino también un camino hacia la iluminación. En este cuarto domingo de Cuaresma, tradicionalmente llamado domingo de la alegría, la Iglesia hace una pausa en su tono penitencial y nos invita a alegrarnos, pues la luz de la Pascua ya comienza a acercarse. En el Evangelio proclamado este día —John 9— Cristo devuelve la vista al hombre que había nacido ciego, revelándose como la Luz del mundo. De la misma manera, la Cruz se convierte para los creyentes no en un signo de oscuridad, sino en el lugar donde se recibe la verdadera visión.

Para Francisco, la contemplación de Cristo Crucificado abrió los ojos del alma. Ante la Cruz aprendió a reconocer el amor humilde de Dios derramado por la humanidad. El suave resplandor de la lámpara del Santísimo y la silenciosa presencia del crucifijo nos invitan a esa misma mirada orante. La Cuaresma nos enseña poco a poco a ver como el hombre curado del Evangelio llegó a ver: con fe, humildad y gratitud. Incluso en medio de la penitencia comienza a surgir una alegría silenciosa: la alegría de saber que más allá de la Cruz se encuentra el amanecer de la Resurrección, y que quienes caminan en la luz de Cristo se convierten, como dice el Apóstol, en “hijos de la luz.”

Compra esta imagen restaurada, ahora con descuento



Esta imagen se encuentra en el dominio público, lo que significa que los derechos de autor de la imagen han expirado o que el titular ha renunciado a sus derechos de autor. Franciscan Gallery cobra por acceder a una copia de alta resolución de esta imagen. La restauración manual es necesaria para mejorar la resolución, sin cubrir o distorsionar la imagen original.

Comments