Paz y Bendiciones
Al entrar en un nuevo año, la vida de San Francisco de Asís ofrece un marco profundo para la renovación, centrado en su famosa exhortación: «Hermanos, comencemos a servir al Señor Dios, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho». Esta reflexión nos recuerda que el Año Nuevo no es meramente un cambio cronológico, sino una invitación espiritual a «empezar de nuevo» con humildad. Al despojarnos del desorden de fracasos pasados y distracciones materiales, podemos abrazar una simplicidad franciscana que deja espacio para la gracia, centrándonos primero en lo necesario y luego en lo posible, hasta que nos encontremos logrando lo que alguna vez pareció imposible.
Central en este camino es la esperanza radical de Francisco, que no se basaba en su propia fuerza, sino en una confianza inquebrantable e infantil en la providencia de Dios. Veía el futuro no con ansiedad, sino con la gozosa expectativa de que el mismo «Altísimo» que creó el sol y las estrellas proveería para cada necesidad. Para 2025, esta perspectiva esperanzadora nos invita a confiar en que, incluso en tiempos de oscuridad, podemos ser «instrumentos de Su paz», confiados en que sembrar amor y perdón conducirá invariablemente a una cosecha de luz.
Esta esperanza franciscana es una «esperanza viva» que ve el Año Nuevo como un lienzo desplegable de la presencia divina. Francisco creía que cada criatura y cada momento era un espejo de la bondad del Creador, lo que le permitía enfrentar lo desconocido con «perfecta alegría». Al adoptar su espíritu de confianza radical, podemos abordar el año venidero con un corazón liberado del miedo, decidiéndonos a caminar por el mundo con un «espíritu apacible y humilde» que transforme cada encuentro en una oración de acción de gracias.
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