Nuestra Senora de Gracia con Santos Franciscanos

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Nuestra Señora de la Gracia es un título muy querido de la Santísima Virgen María, celebrado en la tradición católica y honrado con una festividad el 7 de febrero. Bajo esta advocación, María es venerada en muchos países, y numerosas parroquias, iglesias y escuelas llevan su nombre. En el arte sacro, Nuestra Señora de la Gracia suele representarse como Mediadora de las Gracias: aparece de pie con las manos extendidas, dejando fluir rayos de luz desde sus dedos, símbolo de las gracias divinas que distribuye a la humanidad mediante su intercesión maternal. Continúe leyendo después de la publicidad

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Uno de los centros históricos más importantes de devoción a Nuestra Señora de la Gracia fue el santuario medieval de Ipswich, en Inglaterra, mencionado por primera vez en 1152. Conocido como Nuestra Señora de Ipswich, se convirtió en un célebre destino de peregrinación durante la Edad Media, superado en popularidad solo por Walsingham. Incluso la realeza, entre ellos Enrique VIII y Catalina de Aragón, visitó el santuario. Durante la Reforma inglesa, la imagen asociada al santuario fue retirada y, según los registros, destruida en Londres en 1538. Sin embargo, algunas tradiciones sostienen que la estatua sobrevivió y posteriormente fue preservada en Nettuno, Italia. Según la leyenda local, pudo haber sido llevada allí por marineros católicos o vendida a través de intermediarios vinculados a Thomas Cromwell, y algunos estudiosos creen que la imagen conservada en Nettuno presenta rasgos de origen inglés. Continúe leyendo después de la publicidad

La estampa devocional vintage aquí reproducida muestra a Nuestra Señora de la Gracia rodeada de figuras estrechamente vinculadas a la familia espiritual franciscana. Entre ellas aparecen San Francisco de Asís, fundador de la orden, junto con santos franciscanos como Maximiliano Kolbe y varios pontífices. A diferencia de la iconografía tradicional en la que María deja caer rayos de gracia desde sus manos, en esta representación aparece con las manos unidas en oración, subrayando su papel como intercesora en favor de la familia franciscana. La composición crea una comunión visual de santos reunidos bajo la protección de María, expresando la unidad de la Iglesia y la perdurable devoción franciscana a la Madre de Dios.

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