Novena San Luis Rey dia 3

INICIO

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de haberos ofendido: propongo, con vuestra gracia, nunca más pecar, y espero en vuestra misericordia, que me habéis de perdonar y salvar. Amén.

ORACIÓN INICIAL

Omnipotente Dios y Señor nuestro, Rey Supremo de los Cielos y la tierra, que con vuestra palabra habéis sacado a todas las creaturas del profundo abismo de la nada, y formasteis al hombre a vuestra imagen y semejanza, haciéndole complemento de vuestras maravillas: pues vuestro Hijo Santísimo nos enseñó a llamaros Padre, dándonos confianza para invocaros, hacednos dignos hijos vuestros, santificando en nosotros vuestro excelso Nombre: dadnos celo de vuestra honra y de la salvación de las almas redimidas con la preciosa Sangre de vuestro Hijo Jesucristo, para que nuestra única gloria sea el que Vos seáis reconocido y adorado, y que todos pertenezcamos al Reino de vuestra Justicia por la gracia y la caridad.

Atended, Señor, a la flaqueza y miseria de nuestro ser, y concedednos que, fortificada nuestra alma por la participación de los Sacramentos, solo suspire por Vos, único objeto de su amor, y que ilustrada por medio de vuestra palabra comprenda los Misterios altísimos que el mismo Jesucristo se dignó revelarnos.

Dadnos un corazón dócil a vuestras inspiraciones, piadoso para con los prójimos, paciente en las tribulaciones, humilde en las prosperidades, y mortificado para no dejarse vencer de las aficiones terrenas. Recibid benigno el sacrificio de nuestras oraciones, y purificad nuestra conciencia, dándonos la fuerza y aliento que nuestra debilidad necesita para la perfecta práctica de vuestra Santa Ley; y concedednos el favor que ahora os pedimos, y la perseverancia en vuestra gracia.

Por el mismo Jesucristo Hijo vuestro, nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

DÍA TERCERO
18 DE AGOSTO

DE LA MORTIFICACIÓN DE SAN LUIS

Aunque no perdió San Luis la inocencia del Bautismo, temeroso de arriesgar tan precioso tesoro, imitaba el ejemplo de San Pablo y de los demás Santos, que con la continua mortificación de su cuerpo sujetaron sus pasiones, para no hallarse vencidos de los incentivos de la carne. Toda la vida de este Santo Rey fue una continuada penitencia, practicando rigurosos ayunos los Viernes, Adviento, Cuaresma, Vigilias de Nuestra Señora, y muchos Lunes y Miércoles entre año. Usaba de un áspero cilicio, se confesaba todos los Viernes, recibía después la disciplina, y hubo de moderarle su confesor muchas austeridades que dañaban notablemente su salud. Entre las muchas tribulaciones que padeció, coronó su paciencia la de ver malograda la empresa de conquistar la Tierra Santa; y adorando los secretos de la providencia Divina, sufrió las amenazas, insultos y trabajos de la prisión con tal constancia, que admiró al Sultán la grandeza de ánimo con que rehusó cuanto no le parecía convenir al honor de la Iglesia, exponiéndose a los tormentos y a la muerte.

REFLEXIÓN


Gran cuidado debemos poner para dominar nuestras pasiones, en mortificar los apetitos, despreciar los deleites, refrenar la sensualidad, y tolerar los trabajos y tribulaciones, para que mitigadas todas las aficiones terrenas, podamos elevar nuestros deseos a Dios con puro y resignado corazón. El ejemplo de este Santo Rey debe alentarnos a sufrir las calamidades que Dios nos enviare, y adorar sus ocultos juicios; y reconociendo cuánta más pena merecen nuestros pecados, consolarnos con la brevedad del tiempo de nuestras aflicciones, y la abundante recompensa que está preparada a nuestra paciencia.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

Dios y Señor nuestro, que por medio de la mortificación y penitencia recibís a vuestra gracia a los que ha separado de ella su corrompida voluntad: romped con vuestros auxilios la dureza de nuestro corazón, para que compungidos, acertemos a sentir la malicia de nuestros pecados y borrar las manchas que han impreso en nuestra alma, con las lágrimas de una sincera penitencia. Concedednos el espíritu mortificado, que disteis a vuestro Siervo San Luis, para que a su imitación refrenemos las pasiones, y reconozcamos el especial cuidado que, como Padre amoroso, tenéis de avisarnos por medio de las adversidades, para que corrijamos nuestra malicia. Sírvanos este piadoso recuerdo que nos hacéis, de que confusos y avergonzados con la multitud de nuestras culpas, nos convirtamos a Vos, para que como fuisteis Autor de nuestra vida, lo seáis también de la renovación de nuestro espíritu por medio de la gracia. Así lo esperamos por nuestro Señor Jesucristo Hijo vuestro, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Rezar tres veces el Padre nuestro y Ave María, con Gloria Patri.

GOZOS DE SAN LUIS IX REY DE FRANCIA

Ejemplar esclarecido
De reyes, de Francia honor:
Seáis nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

De niño fuiste criado
En temor santo de Dios;
De virtudes fuisteis vos
Desde muy niño adornado;
En amor santo encendido,
Con la edad creció el ardor:
Seáis nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

Admirable en abstinencia,
En oración fervoroso,
Del honor de Dios celoso,
De cilicios la frecuencia
Os ha hecho esclarecido,
Santo de marca mayor:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

Los pobres y desvalidos
Fueron vuestros cortesanos,
Les lavábais pies y manos,
A más de bien socorridos,
Darles alivio cumplido
Procuraba vuestro amor:
Seáis nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

Del gran Serafín llagado
Hijo, en su Orden Tercero,
Ilustraste al mundo entero,
Habiéndole despreciado;
Y aunque de él escarnecido,
Despreciáis tal burlador:
Seáis nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

Con católico valor,
Procurasteis conquistar
La tierra en que quiso obrar
La salud el Redentor;
Con ejército lucido
Fuiste del turco terror:
Seáis nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

Vuestro ejército infectó
La peste, plaga cruel;
Y aunque fuisteis del infiel
Prisionero, no logró
El pacto, que envanecido
Os propuso su furor:
Seáis nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

Segunda vez embestís
Al turco, que tanto infesta;
Pero herido de la peste
Vuestro fin no conseguís:
Sobre Túnez de ella herido
Volvéis el alma al Redentor:
Seáis nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

Lamparones, que es mal fiero,
Curáis con facilidad,
Y a cualquier enfermedad
Remedio dais por entero;
Atento está vuestro oído
A quien os pide favor:
Seáis nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

Miradnos siempre propicio
En cualquier tribulación,
Y con vuestra intercesión
Libradnos de todo vicio;
Con vuestro favor vencido
Sea el pecado y error:
Seáis nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

Pues que ejemplar habéis sido
De reyes, de Francia honor:
Seáis nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.

ANTIFONA

Este gran Rey sustentó en su vida la Casa del Señor, y fortaleció en sus días el Templo: miró por la felicidad de su Pueblo, y le libró de sus enemigos.

V. El justo florecerá como la palma,

R. Y se multiplicará como el cedro del Líbano.

ORACIÓN FINAL

Dios, que del Reino de la tierra trasladasteis al Bienaventurado Confesor San Luis a la Gloria de la Celestial Patria: concedednos por su intercesión y méritos, que logremos igual suerte en la compañía del Rey de los Reyes, Jesucristo Hijo vuestro. Atended propicio a los deseos de nuestro Rey Católico, concediéndole feliz y tranquilo gobierno, y victoria contra los enemigos de vuestro Santo Nombre, para gloria vuestra y beneficio de su pueblo. Por el mismo Jesucristo Hijo vuestro, nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por los siglos de los siglos. Amen. 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.


Pbro. Leopoldo Jerónimo de Puig, capellán real y administrador del Real Hospital de San Luis de los Franceses en Madrid. Con licencia otorgada por el vicario de la villa de Madrid en el año 1744. Los Gozos, de origen valenciano, no tienen fecha ni autor conocido.

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